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La alfalfa tiene la propiedad de aprovechar con singular eficacia el agua y las sales minerales de las capas profundas del subsuelo. Contiene grandes cantidades de nitrógeno, potasio, calcio, sodio, magnesio, cobre, zinc, cobalto, carbonatos y fósforo, siendo utilizada medicinalmente por su contenido de vitamina K, conocida principalmente por sus cualidades anti-hemorrágicas. También es rica en vitamina B1, B6 y C.
De la alfalfa se utiliza las hojas (jugo o infusión), raíces, flores y semillas. Es un magnífico diurético natural. Previene y cura úlceras pépticas y otras enfermedades del estómago. Protege al organismo contra las infecciones, hemorragias y previene la presión alta.
La alfalfa está indicada contra el escorbuto, raquitismo, afecciones nerviosas, inapetencia, cistitis crónica, insomnio, neurastenia, reumatismo y artritis. El jugo de alfalfa es un excelente depurativo. Ayuda a la formación de uñas y cabello y fortalece el sistema nervioso.
En los casos de tuberculosis se recomienda la alfalfa por sus cualidades anti-hemorrágicas y se recomienda tomar varios vasos de su jugo al día.
Como preventivo de gripes y resfríos, se recomienda una infusión de 10 g. de flores de alfalfa en un litro de agua. (3 o 4 veces al día.)
Las semillas molidas y mezcladas con los alimentos son un excelente tónico. Otra cualidad poco conocida de la alfalfa es la de disminuir el colesterol de la sangre.